ACUMAR y la limpieza del Riachuelo

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A cuatro años del fallo de la Corte, se notan progresos en la higiene de las márgenes y la superficie del agua. Pero ONG ambientalistas dicen que se permiten límites muy altos de vertidos industriales.

EN MEJORES CONDICIONES. UN TRAMO DEL RIACHUELO, CON UNA VISTA SIN BASURA DE LA MARGEN DE PROVINCIA, A LA IZQUIERDA, Y ENFRENTE LA CAPITAL FEDERAL, A LA ALTURA DEL BARRIO DE LA BOCA.

 

El 8 de julio de 2008, la Corte Suprema dictó un fallo histórico: condenó a los Gobiernos Nacional, de la Ciudad y de la Provincia a sanear el Riachuelo. Y designó al juez federal de Quilmes, Luis Armella para que vigile la ejecución de la sentencia. Al principio, los avances fueron escasos y los plazos de entre 30 días y seis meses fijados por la Corte para distintos objetivos se vencieron. Cuatro años después, las ONG del cuerpo colegiado que supervisa el cumplimiento del fallo afirman que hay progresos. Se hizo gran parte del camino de sirga, se relocalizaron asentamientos y se inspeccionó casi el 80% de las industrias de la zona. Ahora la preocupación son los límites de vertidos industriales permitidos que, según las ONG, son muy elevados y no frenan la contaminación.

El juez Armella está detrás de que se cumpla cada detalle de la sentencia. “Faltan cosas por hacer, pero después de cuatro años por primera vez hay un plan instalado y con continuidad –evalúa–. Es cierto que los plazos dispuestos por la Corte se vencieron, pero hubo que consolidar el ACUMAR (el organismo a cargo del plan de saneamiento) y que adaptar el fallo a la realidad. Lo más endeble es el control a las industrias”, dice el juez, que apela a multar a los funcionarios. Su último sancionado con $ 3.000, fue el director de Calidad Ambiental de Lanús.

Un avance fue el censo de las industrias de la cuenca. Según la Secretaría de Ambiente de la Nación, cuyo titular Juan José Mussi también preside el ACUMAR, hay 22.454 establecimientos, incluyendo 11.457 industriales. Inspeccionaron 17.518, el 78%, y descubrieron que 1.403 contaminaban. Hasta ahora, 767 presentaron Programas de Reconversión Industrial, pero sólo 50 se reconvirtieron.

En las ONG del cuerpo colegiado que supervisa el saneamiento, reconocen que desde 2011 hubo progresos. Pero ahora su preocupación son los límites de sustancias vertidas permitidas por la resolución 3 de 2009 del ACUMAR. “Para recuperar un río hay que estudiar cuál es su capacidad para recibir contaminantes –explica Raúl Estrada Oyuela, presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y miembro de la Asociación de Vecinos por La Boca–. Eso no se hizo con el Riachuelo. La resolución le inventó un uso para actividades recreativas pasivas y permite el vertido sin restricciones de compuestos nitrogenados, escherichia coli, cromo, plomo, cadmio, mercurio y arsénico”.

 

También se permite una presencia de oxígeno disuelto en el agua de menos de 2 miligramos, lo que no permite la vida de peces. Y acepta que haya aceites y grasas y distintas concentraciones de sulfuro, cianuro e hidrocarburos durante el 90% del tiempo. “Los límites para el vertido de sustancias contaminantes están determinados por concentración, en miligramos por litro, pero no está limitado cuántos litros se pueden tirar”, detalla Consuelo Bilbao, de Greenpeace.

 

Andrés Nápoli, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) observa: “El fallo se va cumpliendo, porque hay mucha voluntad del juzgado de Quilmes y de la Corte. Pero la legislación vigente presenta deficiencias, sobre todo en materia de vertidos, que podrían conducir a la paradoja de que, aún cuando todas las empresas se ajustasen a lo normado, el Riachuelo siga contaminado. Hay que modificar la resolución que establece los objetivos de calidad de agua, para implementar un sistema de control con límites progresivos a la cantidad total de contaminantes enviados al Riachuelo”.

 

Armella subraya que se empezó desde cero. “Hay que fijar metas graduales. Este es un proceso”, dice. La normativa prevé la revisión periódica de “los usos y objetivos de calidad para su mejor adecuación a los nuevos escenarios que se planteen”.

 

Clarín pidió hablar con Mussi, pero sus voceros se excusaron diciendo que está de viaje.

“La labor de Armella es encomiable y nos satisface que exista el ACUMAR, al que le podemos exigir. Pero los volcados industriales tienen que tender a cero”, reclama Alfredo Alberti, de Vecinos por La Boca. Bilbao, de Greenpeace, admite: “Hay avances, sobre todo en la limpieza de márgenes y superficial de aguas, y en las relocalizaciones de algunos asentamientos y de La Saladita. Eso es positivo, si tenemos en cuenta que el Riachuelo estuvo olvidado por 200 años”.

 

Fuente Clarin (Nota Nora Sanchez)